lunes, 6 de marzo de 2017

Hasta el último hombre

Crítica publicada el día 25 de Enero del 2017 en el periódico El Sol de Mazatlán y en ADN Morelos


Han pasado diez años desde que Mel Gibson se puso detrás de cámara para dirigir un filme, el último fue Apocalypto (2006). De sus trabajos más destacados en este ámbito resaltan La Pasión de Cristo (2004) y Corazón Valiente (1993). Después de esa larga ausencia (también sus participaciones como actor han sido limitadas), regresa con una cinta en la que muestra que, indudablemente, sabe dirigir, decidir, narrar, y exponer situaciones. En esta semana, fue nominada a seis premios Oscar, incluye Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor.

Desmond Doss (Andrew Garfield) es un joven médico militar que participó en la batalla de Okinawa, en el Pacífico durante la II Guerra Mundial, y se convirtió en el primer objetor de conciencia - negativa a acatar ordenes, leyes, actos o servicios por motivos éticos o religiosos- en la historia estadounidense en recibir la Medalla de Honor del Congreso. Doss salvó a 75 hombres en dicha batalla sin disparar un arma, o matar a un ser humano.

No es mentira que Mel Gibson es abiertamente católico, y algunos de sus filmes tratan el tema, o van de la mano; tampoco es una treta que, aunque la religión está impresa en las obras nunca se vuelven teológicas, teístas o deístas. En este caso, el protagonista es muy religioso, pero como espectador nunca se obliga a ingerir este aspecto, como persona tiene sus ideales y pensamientos, y como publico se nos invita a tolerarlo, seguirlo y hasta sentir empatía por él, sin embargo, es decisión del que ve la película pensar lo que quiera de él. Pero, quien suscribe considera que fue una hazaña que haya logrado lo que hizo, ayudando a sus compañeros y hasta a un japonés (acción que demuestra que él iba a socorrer en general). Al final, el juicio es de cada individuo pero sí hay una invitación de respeto a los que piensan distinto y a la vez, una hipótesis sobre nuestro destino y el porqué estamos presentes en algún lugar, “please Lord, help me get one more” es la frase que resume lo que se comenta.

“Hasta el último hombre” es buena, linda, posee batallas bien coordinadas, está bien narrada, es visceral, tensa, incomoda, con datos en su mayoría reales (es muy raro encontrar eso, pero así es, gran parte de lo que se ve ocurrió), una de las mejores obras bélicas en bastante tiempo, el único “pero” sería la falta de elementos creativos y de producción contundentes, es decir, están bien realizados pero no sobresalen, quizás lo único es en el marco de la fotografía. Como contraste, lo destacado es que está muy bien actuada, Andrew Garfield entrega una fidedigna e interesante actuación, donde muestra que no necesita gritos, llantos, ni desesperación para llevarse la simpatía de la audiencia y hacer suyo un personaje, Garfield, le inyecta bondad, ingenuidad, pacifismo, heroísmo y dulzura a Doss; es acompañado de un elenco secundario que también entregan lo mejor de si como: Hugo Weaving, Sam Worthington, (distinto a como lo hemos visto) Vince Vaughn, Teresa Palmer y otros jóvenes como soldados que producen cercanía al espectador, empatía y reacciones distintas a los hechos salvajes de la guerra.

Hay algunos momentos con los que uno puede sentirse sentimental (hay algunas escenas que buscan eso) pero, ¿cuándo la guerra o ver morir a personas no produce eso? Claro, depende de la persona. Al final, en la sala en la que su servidora estuvo, cuando prendieron las luces la gente aplaudió (eso nunca ha sido mi hit, a decir verdad), sinónimo de que el publico disfrutó la cinta y se sumergió en ella.


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