viernes, 3 de abril de 2015

La Cenicienta

Crítica publicada el día 18 de Marzo en el periódico El Sol de Mazatlán



Es posible que los cuentos de hadas estén subvalorados, principalmente porque la idea es que la mujer espera a un hombre para ser feliz. Pudo ser cierto en algún tiempo (y algunas incautas en la actualidad aplican aún). Eso sí, los autores de estos cuentos hacen sufrir a la heroína y la obliga a probarse a sí misma para que al final alcancé la dicha infinita tras todo lo vivido. Hoy en día la vida se ha transformado y el papel de la mujer ha cambiado e incluso complicado.   

La Cenicienta ha pasado por la tradición oral desde hace siglos, la más conocida es la versión de Charles Perrault, es en la cual Disney se basa para llevar de nueva cuenta este personaje a la pantalla grande pero ahora en Live Action. 


Elle (Lily James) cuyo padre (Ben Chaplin) vuelve a casarse tras la trágica muerte de su madre acepta de buena gana a su madrastra, Lady Tremaine (Cate Blanchett) y a sus hijas Anastasia (Holliday Grainger) y Drisella (Sophia  McShera) en la casa familiar. Pero el padre de Elle fallece repentinamente y ahora se encuentra a merced de una nueva familia celosa y cruel. Ella acaba siendo una sirvienta cubierta de cenizas a la que llaman despectivamente Cenicienta. Una situación que podría sumirla en la desesperanza pero ella está decidida a cumplir con las últimas palabras que le dijo su madre: "Deberás ser valiente y amable".

Bajo las palabras anteriores es como navega el filme dirigido por Kenneth Branagh; y es que realmente podría llegarse a pensar que es solo un remake con personas, mas no, es otra interpretación de esta popular y querida historia. Elle no ha tenido una vida fácil, no nació entre riquezas pero si entre amor, perdió mucho de repente más nunca los valores, la bondad hacia las personas y valentía hacia aquellas que pertenecen en este mundo poco cabal, así pues, más que un cuento de hadas es una historia de una mujer que se enfrenta a problemas en su vida, sale avante y la recompensa llega (aquí el símbolo, debido a la época, es casarse con el príncipe y vivir en un castillo, piense ¿cuál ha sido la recompensa en su vida? ). No resalta lo que han asegurado muchos en la última década: que es una historia superficial o no existente; aquí, el mérito es la simplificación de que en algún momento todo mejora, mientras te mantengas constante y fiel a ti mismo ¿Quién nos dice que al final las cosas no se complicaron en la vida de Cenicienta (Elle) o del Príncipe? Incluso este último tiene sus problemas como nos lo hacen saber. La película no termina con “vivieron felices para siempre”, sino se hace constancia de que el príncipe gobernó al lado de su mujer con rectitud, hubo un más allá del beso final.      

El romance está presente, siempre sentimos la atracción en el instante, con cada mirada nos van involucrando en su limerencia. Es la escena donde se aceptan tal como son la que nos hace suspirar y entender que hay amor verdadero. 

 
Así pues, la cinta es grande en narrativa, se mueve grácilmente, se siente que es un cuento de hadas, no lo niega, pero esto lo hace más grande; gracias a las actuaciones de Lily James y Richard Madden encuentran forma y profundidad los personajes que hemos leído o visto en la versión animada. Gracias a la siempre grandiosa Cate Blanchett, entendemos con más hondura qué es lo que la mueve, no es villana, es una persona común con poca moral. Branagh imaginó y plasmó todo con soltura usando fantasía y realidad, por un lado vemos el lado humano y por otro el personaje mágico, la hada madrina interpretada por Helena Bonham Carter. El resto del reparto se complementa con los muy atinados Holliday Grainger, Sophie McShera, Stellan Skarsgård, Nonso Anozie.


Y aunque los efectos, fotografía, diseño de arte y decoración o aspectos generales son estupendos es el vestuario el que destaca aún más, la ganadora del Oscar Sandy Powell, fue la encargada de diseñar los vestidos, trajes (y la zapatilla de cristal) que resaltan la personalidad de cada personaje. 

La Cenicienta es una nueva oportunidad para vivir la magia, para creer en las personas (es válido), en los príncipes sin corona (por que los hay), de pasar un buen momento con dinamismo cinematográfico y esencia pura del romance, incluso para revindicar la historia que ha sido adaptada en terribles filmes o series. 


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