viernes, 28 de noviembre de 2014

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)



Crítica publicada el día  26 de Noviembre en el periódico El Sol de Mazatlán.


Alejandro González Inarritu (o G. Iñarritu como ahora se hace nombrar) fue el precursor de la ola del “nuevo cine mexicano”. Con Amores Perros ayudó a indicar “aquí en México también hacemos cine” a partir de ahí, poco a poco se empezó a crear un nuevo público, aún falta mucho por hacer, pero esa película empujó a muchos cineastas a tener la fortaleza para hacer su cine. Gracias a dicho filme, el cineasta obtuvo una nominación al Oscar por dichos filmes, luego con 21 Gramos y posteriormente con Babel, también obtuvo nominaciones al Oscar en varias categorías (todavía co-escritas por Guillermo Arriaga), para Biutiful, ya se había separado del escritor y el filme logró reacciones mixtas. Este mes regresó con Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), una película muy ambiciosa y además, presuntuosa, pero que funciona en varias áreas. 


Es una comedia negra que cuenta la historia de un actor llamado Riggan Thompson quien era famoso por dar vida a un superhéroe llamado Birdman (sí, aquel personaje que tenía un ave de asistente y gritaba “Biiiiirdman”, que nunca se ha llevado al cine), Riggan, ha decidido montar una obra de teatro en Broadway. No es tarea fácil, debe batallar con los otros miembros del staff, incluidos los actores, su familia y con él mismo. 


Lo que tenemos aquí es una cinta que hace una crítica a las películas de entretenimiento, atreviéndose a juzgar a las personas que de ellas gustan diciéndoles que a la gente le gusta la “mierda” (curioso, su amigo Guillermo Del Toro gusta de esto). Iñarritu juzga, da por sentado que casi a todo el mundo le encanta esto. (Aunque, en su gran mayoría, parte de estos filmes son vistos en Estados Unidos, Asía y Latinoamérica, en otros lugares son repudiados). Para llegar a esto, se vale de un actor que busca de nuevo popularidad, pero también lo artístico. De esta forma se muestra lo que hay atrás a unos cuantos días del estreno. Graves problemas con los actores, problemas con el mismo Riggan, miedo al fracaso y egocentricidad ante la gloria pasada se muestran.  Hay mucho palabrerío, en ocasiones hay muchos actos sobreactuados, pero es de cierta forma justificado, así es el teatro y hay mucha sobreactuación. En su mayoría, el discurso de personajes secundarios como Sam, Lesley, Laura o Mike llega a ser poco trascendente, se quiere mostrar la vida detrás de bambalinas, lo cual es válido, pero lo que iba a ser interesante con cada cual, al final llega a hechos sin sentidos, y al éxito, al aplauso… entonces, se dirá ¿no es al final lo que uno busca?, ¿Aparte del camino, el resultado final también cuenta? Sí, pero hay una regla en el cine, no aburrir. Y si bien, la sintonía final se logra entre todos, hay poca claridad en cada actor, y por dicho aspecto, el único que brilla, o los únicos que lo hacen es Michael Keaton y Edward Norton. Pasando a este punto, la ironía y lo real es que se toma a un actor que tuvo éxito en los noventa por Batman (Keaton), y lo vemos aquí como Birdman. Keaton (O Riggan) no pudo reponerse al éxito de Batman (y Beetlejuice) y solo ha participado en filmes secundarios. Que Riggan se niegue a la modernidad (Facebook, Youtube o Twitter) hace ver lo neurótico que es y da énfasis a que esta atrapado en el pasado, no termina por aceptar lo que fue, y ha llegado a tanto que el personaje se adueñó de él, no al punto de matarse como otros, pero sí a creer que tiene poderes (la idea queda abierta); gracias a esta película, sería una delicia que Michael regresará al ojo público en filmes de arte o comerciales, Keaton lo hace espléndidamente, y esa caminata semidesnudo por las calles de Nueva York es soberbia. Por otra parte se encuentra Edward Norton interpretando a Mike, un actor egocéntrico, proveniente del método, arrogante; Norton crea un antihéroe en la pantalla, y hay una curiosidad, se hace mención acerca de un superhéroe que él interpretaba, pero que ya no trabaja en la producción debido a que “seguramente lo despidieron, o renunció… posiblemente ambas”, ¿Alguien mencionó Hulk 2? Esto es chistoso y simbólico.  


En cuanto a la crítica, la hay dentro de la crítica. Iñarritu le lanza con todo al crítico teatral. Pero póngase en este espacio a cualquier crítico: comida, televisión, musical, teatral, cine, literario. Es interesante, Iñarritu vapulea las películas de entretenimiento, pero cuando se increpa a la crítica de teatro interpretada por Lindsay Duncan, hace ver que el crítico no se fija en lo que hay detrás, en el sentimiento, en la técnica, en todo lo referente a la creación. Curioso, ¿Iñarritu no sabrá todo lo que hay detrás de cualquier filme? Hay varios geeks que hacen posible los filmes de acción. No es crítica hacia esto, es cinismo simpático. La construcción de la trama es lo que no encaja, el vacío y el tedio se presentan, acompañados de momentos sublimes. Muchos, como Zack Galifianakis, y por supuesto el falso plano secuencia del maestro Emmanuel Lubezki, la ilusión más perfecta de lo que va del año. La música, que a unos molestó, pero a otros fascinó, es en su mayoría una batería de jazz constante que crea momentos de tensión y de significancia en la pantalla, el encargado de esa otra magia es Antonio Sánchez. 


 Algo que me recordó esta película fue al texto de Walter Benjamín llamado La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica.  Este fragmento es el que contiene más significado para mí ante esta obra:
“El teatro conoce por principio el emplazamiento desde el que no se descubre sin más ni más que lo que sucede es ilusión. En el rodaje de una escena cinematográfica no existe ese emplazamiento. La naturaleza de su ilusión es de segundo grado; es un resultado del montaje. Lo cual significa: en el estudio de cine el mecanismo ha penetrado tan hondamente en la realidad que el aspecto puro de esta, libre de todo cuerpo extraño, es decir técnico, no es más que el resultado de un procedimiento especial… despojada de todo aparato, la realidad es en este caso sobremanera artificial, y en el país de la técnica la visión de la realidad inmediata se ha convertido en una flor imposible”.  

Birdman pudo haber gustado incluso a los que no la entendieron, pero hay una cosa cierta, Alejandro se ha reinventado, atrás quedaron los personajes tristes, Birdman tiene una visión distinta. 



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