viernes, 22 de agosto de 2014

O Captain, My Captain

Articulo publicado el día 13 de Agosto en el periódico El Sol de Mazatlán.


“Me interné en los bosques porque quería vivir intensamente; quería ‘sacarle el jugo’ a la vida. Desterrar todo lo que no fuese vida, para así, no descubrir en el instante de mi muerte que no había vivido”. Henry David Thoreau Walden. La Vida en los Bosques (Frase que aparece en el filme La Sociedad de los Poetas Muertos, 1989). 

Sepan que esta no iba ser la columna del día de hoy. Mientras escribo estas líneas ha pasado una hora del anuncio del actor Robin Williams. La muerte ha cambiado el plan, tan ocurrente ella como siempre.
En estos momentos hay una conmoción mundial por el hombre que hacía reír. Redes sociales y televisión están recordando a Jack, Peter Pan, a John Keating, Alan Parrish y muchos más; Williams marcó la generación de los noventas con sus interpretaciones, películas familiares en su mayoría, clásicos, situaciones imborrables son ahora un auténtico placer. Es como si esos personajes fueran tus amigos, y todos juntos fallecieron, solo queda el recuerdo. Algo está pasando en Hollywood que no aguantan la presión y toman el camino más fácil. Robin había luchado años atrás con problemas de drogas y alcohol, en los pasados días se dice que había sufrido por depresión. El día once de agosto se suicidó.
La primera vez que vi a Robin Williams seria como la señora Doubtfire (Papa por Siempre, 1991) en televisión, tendría unos seis o siete años, posteriormente lo vi en el cine con Jumanji (1995), de nuevo en televisión en Hook (1991), al lado de unos primos en Jack (1996) y Flubber (1997), ya con una capacidad de comprensión, entendí que el tráiler  que mostraba Mas Allá de los Sueños  (1998) o la película Mente Indomable (1997) mostraban a un Robin completamente distinto, yo quería ver esos filmes por que salía Robin Williams, el actor que hacia películas para reír. Luego comprendí que ser actor significa llorar, enojarse, reír, y más. 



Pasaron los años y los gustos se fueron implantando, llegó El Hombre Bicentenario (1999) y ahí comprendí que no todas las películas son buenas, y que algunos actores por más que ejerzan fuerza dramática, con una trama interesante pero con una ejecución pobre, no logra un buen resultado. Pero algo era seguro, desde ese momento, ya no me intereso el comediante, sino el actor, revisando otros filmes retrocedí en el tiempo con Popeye (1980), donde da muestra del poder de su metamorfosis, por cierto, en ese trabajo se encontraba bajo las influencias de las drogas; La Sociedad de los Poetas Muertos (1989), para mí, uno de sus trabajos más completos e idealistas, cargado de emoción y pasión en su interpretación, guía a un jovencísimo Ethan Hawke en el camino (curiosamente dice una frase que titula otra de sus películas “Seize the Day” o Carpe Diem),  vi Aladdin (1992) en su idioma original para escuchar a El Genio decir en inglés: 10,000 years will give you such a crick in the neck! Y escuchar como un auténtico actor puede jugar con su voz y cantar a “Friend like me”; verlo en Nueve Meses (1995) en un papel pequeño pero simpático, entrevé que hacia favores a los amigos, al cobrar barato y aparecer en filmes que no significaban gran resonancia en su carrera; o en Mente Indomable (1997), recuerdo vivamente la noche en que ganó el Oscar a Mejor Actor de Reparto (nominado en cuatro ocasiones) por esta película, donde unos jóvenes Matt Damon y Ben Affleck, escribieron el papel del psicólogo Sean Maguire; Mas Allá de los Sueños (1998) penosamente similar a esto que sufrió; Patch Adams (1998), filme complicado de entender para un niño (lo vi cuando era aún muy joven), porque no entiendes ciertas injusticias de la vida, pero entiendes las maravillas y eso es lo que también ofrece el filme (ahí aparece otro actor que acaba de morir de sobredosis recientemente, Philip Seymour Hoffman); o como el obsesivo, solitario Saymour Parrish (nótese que muchos nombres de antiguas interpretaciones se ligan a otras) en Retrato de una Obsesión (2002), en recientes como la saga Una Noche en el Museo (la tercera parte se estrena en Diciembre, de sus últimos trabajos que veremos). 


 También sobresalió en teatro (su performance Robin Williams: Live on Broadway ha sido uno de los más notorios), o en series de televisión (el año pasado protagonizó una serie, con poco recibimiento por parte del público The Crazy Ones), hacía poco más de diez años que ningún filme de él destacaba. O algún personaje. Se dedicó a realizar filmes de bajo presupuesto. 


 Lo repito, Williams marcó una generación completa, los que están en sus veintes o treintas, generación que aun soñaba con volar por los aires, o imaginar cosas fantásticas, ajenas a un mundo tecnológico, Robin invitaba a jugar. Hay que sentir pena por esta nueva generación, no sabrán lo maravilloso que es soñar, o ver a un actor de estas magnitudes interpretar lo que tú fantaseabas, no un superhéroe, sino un humano. Cuesta aceptarlo, quién diría que detrás de esa sonrisa había algo oscuro, pero no recordemos eso, es tiempo de ver esos filmes que nos han faltado de él, recordar como reíamos con Jack, o cuando soñamos jugar Jumanji, es momento de recordar el legado de ese actor que dicen, era muy amable (payaseaba mezclando portugués, español y francés). Prendan la televisión, vayan a las tiendas de videos, chequen Netflix, busquen por internet, es momento de recordar a un maestro de la interpretación. ¿Y tú, qué película recuerdas de él?




Mi tatuaje a raiz de la película La Sociedad de los Poetas Muertos


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