miércoles, 12 de junio de 2013

El Gran Gatsby

Crítica publicada el día 5 de Junio en el periódico El Sol de Mazatlán. 

No es para nadie un secreto que el libro El Gran Gatsby es un clásico en la literatura estadounidense. Tampoco  que las adaptaciones en la gran pantalla han resultado “desastrosas” en opinión de los críticos, llegando a tal magnitud de decir que es imposible transponer dicha obra (a la que se le da más merito fue la protagonizada por Robert Redford  y Mia Farrow). El director modernista Baz Lurhmann, regresa después de cinco años de ausencia en las pantallas del celuloide tras la desfavorable Australia (2008). Vuelve con un despilfarro visual modernista cual Moulin Rouge (2001). Lurhmann sabe hacer este tipo de trabajo, y lo sabe hacer muy bien.

Nueva York, años 20. En la alta sociedad norteamericana, llama la atención la presencia de Jay Gatsby (Leonardo Di Caprio), un hombre misterioso e inmensamente rico, al que todos consideran un advenedizo, lo que no impide que acudan a sus fastuosas fiestas en su gran mansión de Long Island. Gatsby vive obsesionado con la idea de recuperar el amor de Daisy (Carrey Mulligan) el cual dejó escapar años atrás. Para ello se hará amigo de su vecino recién llegado, el joven Nick Carraway (Tobey Maguire).

El clásico del escritor F. Scott Fitzgerald no tuvo una recepción adecuada en los años que se publicó, no fue hasta unos treinta y cinco años después cuando se le dio merito. Algo parecido sucede  con la nueva obra del director Australiano encargado de Romeo + Juliet (1996) la cual gustó a jóvenes y dio escalofríos a ciertos mayores por cómo hurgaba el clásico de William Shakespeare. Ciertos críticos han calificado su nuevo trabajo como una pobre adaptación,  obsceno, excesivamente modernista y estrambótico. Un sector del público (concretamente el adulto), opinó que era muy “futurista para la época en la que se halla situada”.  Si bien es cierto que la estética de la cinta es el art- deco y la cultura Pop (con todo y soundtrack de Lana del Rey  y Florence and the Machine), trata de ser fiel al libro (incluso el elegante lenguaje de Carraway se respeta) y la critica que Fitzgerald realizó al sector hipocritica, vano y doble moralista de los ricos estadounidenses se ve expuesta. En ocasiones el filme no es “muy literal” y  tiene que ser descifrado por sus recursos simbólicos visuales.

Hay escenas que se han criticado por ser “infiel” a la escena literaria como el encuentro entre Jay Gatsby y Daisy, en la nueva cinta hay risas y comicidad, lo cierto es que se aligera el tono y se quita lo frio en el cortejo de las damas de “aquella época” y pasa al coqueteo con cariño, nerviosismo y amoroso.



Es sin duda la decoración por parte de Beverley Dunn, el vestuario de Catherine Martin, la dirección de arte de Damien Drew, Ian Gracie, Michael Turner  lo que conforma y hace que El Gran Gatsby sea una excentricidad visual.  El 3D brilla en las tomas aéreas de CGI sobre la naciente Nueva York y con el color de las fiestas, pero no hay nada sensorial en otros momentos. Los actores como Leonardo Dicaprio, Isla Fisher, Elizabeth Debicki son apropiados en sus papeles, destacan Joel Edgerton como Tom Buchanan (el esposo infiel y cínico de Daisy) y Tobey Maguire como Nick Carraway; la que decepciona es Carey Mulligan en su papel de Daisy, le falta impacto en las escenas cumbres, y en las que sale triunfante son las que está acostumbrada a tratar con agilidad normal en ella: en las que llora, muestra impavidez o no dice nada. La música original es de Craig Armstrong (Love Actually, 2003) y combina las partituras clásicas de ambientación con lo “moderno” de  Beyoncé, Jay Z, Goyte y otros.  


Lo que destaca del estilo visual modernista de Lurhmann  es el enfoque de que tanto en el pasado como el hoy,  la mentalidad sigue siendo la misma, hace ver que en ochenta y ocho años la sociedad fue, es y seguirá siendo mezquina y decadente. Los críticos le atribuyen poca elegancia y fidelidad con respecto al libro, pero cabe recordar que en la obra original el autor hace en forma narrativa una crónica y crítica de lo que vivía; Lurhmann parodia lo que Fitzgerald menciona y  sigue vigente.  


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