miércoles, 25 de julio de 2012

Colosio: El asesinato

Crítica publicada el día 18 de Julio en el periódico El Sol de Mazatlán.

El sexenio de finales de los ochenta para comienzos de los noventa es sin duda, por diversas circunstancias, uno de los más recordados (suena obvio escribirlo): fraude electoral, alzamiento de los zapatistas en Chiapas, y  asesinatos de un cardenal, un ex cuñado y  candidato a la presidencia. Este último, un caso que sin duda, chicos y grandes vivieron y platicaron sobre ello (aun recuerdo la mañana del siguiente día, yo cursando la primaria, fue de lo único que se hablo: “era el que nos iba a salvar de la crisis” decían  adultos y algún otro infante que repetía lo de sus padres). Un asesinato que, en papeles oficiales, sigue sin resolverse y en la vida real, la justicia no ha llegado. Carlos Bolado (Promises; Bajo California: El límite del tiempo) nos trae una cinta que une diversas hipótesis del caso. 

El filme se centra en México de 1994, con una rebelión indígena que cimbra al país. Tres meses más tarde, el candidato del partido en el gobierno es asesinado en un mitin en Tijuana, Baja California. Existe el desconcierto y será Andrés Vázquez, quien tratará de indagar el trasfondo de todo esto; sin embargo, su vida y la de muchos otros estará en peligro.


El director nominado al Oscar por el documental Promises, en colaboración con Hugo Rodríguez y  Miguel Necoechea, nos traen un guión que fue terminado gracias a libros, videos y se dice, unas dos mil hojas del informe de la fiscalía sobre el caso Colosio. La película aborda tanto personajes ficticios (quienes sortean la suerte  de algunos personajes reales)  y algunos verídicos como: José Francisco Ruiz Massieu, José María Córdoba Montoya, Mario Aburto, Fernando Gutiérrez Barrios, entre otros. 

La cinta costó 62 millones de pesos, y  fue financiada con  8% de capital del gobierno (Panista) y con 450 copias a nivel nacional (un número poco común en producciones nacionales) es evidente cuál es el doble sentido de su exhibición. Sólo que se equivocaron de mes de estreno, debió de haber sido a mitad de campaña. 



El filme toca la hipótesis que a todos nos rodea en la cabeza sobre la gran pregunta de la política mexicana en la década de los noventa: ¿Quién mató a Colosio? (añadiría ¿y por qué?). Es un ejercicio de libertad de expresión, que dejará mella  por su tema que antes no había sido tocado, que está latente en estos tiempos a raíz de las recientes elecciones presidenciales  y entrevé las mañas de un partido político amañado y maquiavélico próximo a regresar a la presidencia.  Si bien, es una opinión “documentada” de los artistas visuales, no es algo “oficial” (aunque en el subconsciente colectivo se cree lo mismo que  plantea el filme). Se agradece que no se caigan en  frases estereotipadas que en algún momento el cine concibió y se tornó caricaturesco, Colosio es algo más maduro en ese aspecto. 

La  cinta se mueve en gran medida a las buenas actuaciones de decenas de actores que dan vida a personajes reales, bien estructurados en la narrativa. Cabe destacar a Daniel Giménez Cacho como el Doctor, o la actuación de  Harold Torres en su triple personificación de los varios “Aburtos” que aparecieron en escena.  Sin embargo, aunque se entiende la labor del protagonista interpretado por José María Yazpik,  pasa a ser al final, algo incongruente. Se sabe que el punto objetivo no tiene lugar en esta película, y los personajes ficticios forman parte de ese inciso para  manipular a la audiencia y a la vez, mostrar los hechos. 


Salvo por una toma en gran plano general en reversa (si fue intencional, no entiendo porqué), en cuestión de aspectos técnicos es de lo mejor que he visto últimamente en filmes mexicanos. Los contantes desenfoques y tomas de detalles logran una ambientación llena de perspicacia y  tensión; también  hay un gran trabajo en vestuario y de dirección de arte: en utilería se ven artefactos de la época tales como Bipers, Super Nintento, celulares con antena (apodados “de ladrillo”), incluso en las calles se ven los anuncio de “¡Si!”, que formaron parte de la campaña de Luis Donaldo Colosio (también hay del ya inexistente Partido Demócrata Mexicano).

Lo raro de esta película es que no ha causado conmoción como otros estrenos (El Infierno hace poco más de un año), o  puede ser que las personas no les agrada el tema y están hartas de política (lo dudo, he ido a dos funciones y hay gente sentada en las escaleras); o que al espectador no les cause novedad este tipo de películas y se estén acostumbrando a la absurda comedia rosa nacional (esperemos que no); o son los medios no quisieron hacer mucho alarde sobre este filme que sin duda desmeritaría al partido tricolor en los comicios electorales. Esperemos que  la libertad que tiene esta película de unir piezas y conclusiones no se vea coartada en unos meses o años más, tal como pasaba hace un par de sexenios. Pero creo que no hay que preocuparnos, los tiempos ya cambiaron  ¿o no?