miércoles, 7 de marzo de 2012

La Bella y la Bestia 3D

Crítica públicada el día 29 de Febrero del 2012 en el periódico El Sol de Mazatlán. 


Jamás imagine que volvería a ver una de las películas de Disney más amadas en pantalla grande (de mis favoritas), acompañada del  olor a palomitas,  las risas y susurros de personas desconocidas.  Si bien, La Bella y la Bestia no marcó ningún parte aguas en la animación, los estudios del ratoncito Mickey (y otros estudios también) se vieron forzados a doblar esfuerzos en sus otros cintas, después de todo, la historia de La Bella y la Bestia es considerada una de las mejores tramas en la historia del cine (Hollywoodense, al menos) pasó a  la historia al ser el primer filme animado en ser nominada al Oscar como mejor película. Basada en un cuento europeo de 1550 (de ese año es el original), cuenta el relato de un príncipe que es embrujado por una hechicera y sentenciado a vivir como bestia hasta que el verdadero amor lo libere de su hechizo.


 Ya se sabe el principio, desarrollo y final, la historia involucra un análisis profundo; el sueño (implantado por la sociedad) de toda niña de encontrar a un príncipe “azul”; o el amor  puede  hacer cambiar a otra persona; por ahí leí que equivale al despertar sexual de la mujer, etc. No es eso lo que me trae aquí, sino más bien la conversión  al formato tridimensional.  Aunque no puedo evitar preguntarme ¿Cuántos años tenía el príncipe si a los veintiún años permanecería como bestia para siempre? ¿Once? 


Se dice: “si no puedes hacerlas buenas, hazlas en 3-D”, es un dicho que, por churros recientes (Transformers: El Lado Oscuro de la Luna)  lo anterior hace que tenga razón.  Ahora, la  frase se puede cambiar a: “si te estás quedando sin dinero, re-estrenalas en 3-D”. Y es que no solamente La Bella y la Bestia se estrenó en dicho formato, el año pasado Disney probó la formula con El Rey León y pronto lo volverá a hacer con Buscando a Nemo (la cual me emociona, me interesa saber el resultado de un filme hecho a computadora  para luego convertirlo; con Toy Story 3 no se apreció bien).  

Debo decir que valió la pena ver La Bella Y la Bestia en este formato, no solo por la nostalgia que florece, sino por los detalles  y características que en versión casera no se perciben y que gracias a la pantalla grande y al 3-D se ven. La profundidad es mayor, por ejemplo: en el prologo, pareciera que estas entrando a una maqueta o a unos de esos libros  pop-up (tridimensionales). 

Los matices son más brillantes y exactos, te das cuentas de varias situaciones que antes no podías diferenciar (incluso también te das cuenta que, en algunas partes, la animación original muestra algunos seres inanimados, brevísimas partes y sin importancia).  Otro de los aspectos es que, cuando cae nieve o lluvia, realmente sientes que estas presenciando dicho espectáculo frente a tus ojos; acaso llega a estorbar brevemente a la imagen central del filme, pero no es por mucho tiempo o más bien, te acostumbras.
Se aplaude el hecho de dejar las voces originales en español.
Claro que, si nos ponemos estrictos, este filme no necesitaría de una remasterización para seguir siendo imponente. O dígame, ¿Qué necesidad hay de hacer la conversión de la que he estado hablando? Ninguna, pero se podría abogar que, los clásicos hay que recordarlos,  revitalizarlos, mostrarlos y que los niños de hoy en día disfruten de esas experiencias que ya no se ven (eso sí, con un toque de modernidad). 
 Vienen  filmes como Star Wars Episodio 1: La Amenaza Fantasma y Titanic (sí, esa que pasan en el canal cinco todas las navidades). ¿Para qué?  Vaciarnos un poquito nuestros bolsillos, con el fin  de mostrarnos algo diferente que no pudimos obtener antes, después de todo ¿Quién no quiere vivir una emocionante carrera de vainas  o sentir que se ahoga en un barco?  La pregunta verdadera es: ¿Realmente lo necesitamos? ¿No sería mejor quedarnos con lo anterior, lo vivido, lo que fue en su tiempo en el cine?  Bueno, pero ahora está (el 3-D) es la nueva forma de vivir el séptimo arte (dicen). 

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